Otra característica que adorna el nuevo estilo de gobierno impuesto por Dániel y sus ministros (los nuevos no tardarían en acostumbrase al ‘fashionmoud’) es que la primera obligación de la servidumbre del reino, de cualquier hacienda, es acudir de forma rauda y veloz a cualquier requerimiento de los ministros. Siempre con el argumento de que “el tiempo que puede perder una mente privilegiada porque algo no funcione” es infinitamente más valioso que cualquier otra cosa, si una pata de una mesa del despacho de un ministro, por algún motivo cojea, allí deberá personarse el artesano de la madera de más alta cualificación del reino, ipso facto, dejando cualquier otra tarea que estuviere haciendo por importante que pudiera ser. “Seven deis, tuentifor hours”. Si el problema concierne al Rey, el único equivalente con el que definir la presteza con la que debe personarse el siervo adecuado es “la velocidad de la luz”. Cualquier tiempo que exceda en un picosegundo el tiempo que el rey entiende se le debe solucionar el problema, puede desencadenar la ira extrema de Dániel, que caerá sobre los responsables de forma implacable, inexorable, despiadada. Ya es conocida en Carloszree la ira del rey (que cae como vara de fresno sobre costillar magro) y como puede desencadenarse de forma súbita por cualquier motivo que haga descender el nivel de excelencia del reino. Y el principal sensor del nivel de excelencia del reino está en la piel de Dániel y cualquier cosa que incomode al Rey, seguro que implica una pérdida de excelencia. Cuando la ira del Rey cae sobre un siervo, la única esperanza que tiene el siervo de sobrevivir es que el Rey, en su infinita hipersensibilidad, detecte un instante después otro problema. Entonces su ira se dirige hacia el nuevo objetivo, olvidando de forma momentánea el anterior. Dániel es capaz de concatenar un motivo tras otro, ya que su extremado talento le permite controlar todos los parámetros de medida de la excelencia en su prodigioso cerebro y a tiempo real. Y lo que es más excepcional, sabe quién es el culpable de cualquier caída en la intensidad de la señal.
Y desde lo alto de la columna, Dániel irradia su poder en todo el reino, en todas las direcciones. Como un faro que ilumina en medio de la oscuridad. Nadie está a salvo del manto de la excelencia. Y allí donde no llega su control mental, llegan Alfanje y Klunny.(CONTINUARÁ)