Desde que volvió del Pais de los Soviets, Dániel no se separaba del cuaderno azul. De vez en cuando lo contemplaba, lo abría y hacía alguna anotación. Ahora entendía como en lo más profundo de su corazón sentía tanta admiración por un antiguo Emperador conocido por Ansar. Incluso había adoptado algunos de sus gestos de gobierno sin haberse dado cuenta. Lo que más se disfruta del poder absoluto, casi más que ejercerlo, es ser el único en poseer toda la información, especialmente la que afecta a personas y haciendas. Los más allegados a Dániel sabían que escrito en ese cuaderno podía estar su futuro por lo que a medida que pasaban los días sin que Dániel se pronunciara sobre el nuevo gobierno de Carloszree, la necesidad que muchos tenían de echar una ojeada a ese cuaderno empezaba a pasar de la curiosidad a enfermedad.
El único que había tenido alguna oportunidad de acercarse al cuaderno, sin la omniprisencia de Dániel era, como no, Despuntado. La primera vez que ocurrió, fueron unos pocos segundos, y ni siquiera tuvo tiempo de pensar en abrirlo. Fue un día que Dániel tuvo un apretón y no tuvo más remedio que correr al excusado privado que estaba justo detrás de la puerta tintada por rayos ultravioleta. No habían pasado cinco segundos de la desaparición súbita de Dániel cuando Despuntado oyó un grito: “¡DeDé!”. Con un ojo sobre el cuaderno, pero intrigado, se sobresaltó al oír a Dániel volver a gritar “¡¡¡DeDé!!!”.
Despuntado, que no era precisamente tonto, entendió que se estaba refiriendo a él y acercándose cautelosamente al excusado le preguntó “¿Os falta papel, mi Rey?”. “No, estúpido, tráeme el cuaderno azul, que aquí me siento más inspirado”. Y Despuntado se lo pasó por una rendija que Dániel había dejado en la puerta. Y allí lo perdió de vista. “¿DeDé?” se preguntaba a si mismo Despuntado… “¿Será Despuntado-Delfín?”.” Lo mejor será no volver a acercarse al cuaderno”, se dijo a sí mismo, “sobre todo después de pasar por el excusado real…”.
Despuntado, que no era precisamente tonto, entendió que se estaba refiriendo a él y acercándose cautelosamente al excusado le preguntó “¿Os falta papel, mi Rey?”. “No, estúpido, tráeme el cuaderno azul, que aquí me siento más inspirado”. Y Despuntado se lo pasó por una rendija que Dániel había dejado en la puerta. Y allí lo perdió de vista. “¿DeDé?” se preguntaba a si mismo Despuntado… “¿Será Despuntado-Delfín?”.” Lo mejor será no volver a acercarse al cuaderno”, se dijo a sí mismo, “sobre todo después de pasar por el excusado real…”.
Unos días más tarde, al entrar al Salón del Trono, se encontró a Dániel sumido en un estado semicomatoso. Si no fuera porque estaba en la posición de loto se hubiera asustado, pero no era la primera vez que se lo encontraba así, y sabía que podía volver a la realidad en cualquier momento. El cuaderno azul estaba a tan solo unos centímetros de Dániel y tratar de cogerlo era peligroso. Dániel entraba a diario en el WoK para ver si subía su índice H (por la gloria de Hirsch). Cuando alguno de sus trabajos recibía una cita, se excitaba hasta tal punto que no podía contenerse y empezada a recitar mantras de la excelencia de forma incontinente. Y en ocasiones excepcionales, cuando subía un punto en el índice, la excitación llegaba a tal extremo que al final caía sumido en este estado semicomatoso. Andaba Despuntado debatiéndose en coger el cuaderno cuando Dániel, muy relajado pronunció, aun con los ojos cerrados: “DeDé, sé que andas por aquí, puedo percibir la fuerza de tu presencia”. “Joder, ya me he quedado con DeDé”, pensó Despuntado,…””si mi Rey, esperaba pacientemente tu vuelta a la realidad para cumplir tus órdenes”. “Dile a Chorches que anote este día para que cuando redacte este capítulo de mis evangelios no se olvide que hoy, mi índice H ha subido a 13”. “Agárramela que me crece”, pensó de forma intuitiva Despuntado. Luego tendría que flagelarse para expiar el haber faltado al respeto al líder, aunque fuera de pensamiento. “A tus órdenes, Dániel, parto hacia el aparato de propaganda”, y fuese, dejando a Dániel aun en ese territorio entre el consciente y el inconsciente.
A los doce días de la justa, por fín Despuntado tuvo su oportunidad. Dániel recibió una inesperada visita de Goldado que quería hablar con él en privado, y pasó a una estancia contigua dejando allí el ansiado cuaderno azul. Su mayor curiosidad era saber si había acertado su propia quiniela. “Walthari, estaba muy cansada, agotada de dar la cara por Dániel, sin duda no seguiría. Además, después de todo lo dicho por Dániel en la campaña sobre la moda boloñesa ha quedado totalmente desautorizada…. Y sería ideal el hueco para pagar a PN. ¿Amanuense?, no se, se le ha notado mucho que solo se ha dedicados a sus “bisnes” y detrás tiene también al fiel Dunny, que prestó y presta buenos servicios al Rey. ¿Wallander?, la verdad es que aunque Dániel no se fiaba mucho de él, se ha portado en la campaña. ¿Pilastra?, bueno, no lleva mucho y además el tema de la Párida es una parida… ¿Chorches?, es una infructuosa, pero Dániel le tiene aprecio; Murete, después del desaguisado de Colmenalejos, podría hacer las maletas; Héna, además de improductiva cada día está más desagradable, la verdad es que se podía volver a Lega… y Petro, y Karmen,…; ah, y Jisus, el pobre Jisus, recibiendo palos de sus colegas jurisconsultos y tratando de evitar los abusos de Dániel…la verdad es que se merece un descanso”. “Otro asunto eran las haciendas y Tostado, aquí sí que había tela que cortar”.
Por fín iba a abrirlo y saciar su curiosidad. Y quedo demudado. ¡¡¡No había nada del nuevo gobierno!!! Después de unas páginas de notas que no pudo leer, había un esquema muy claro del proyecto de Guardianes de la Excelencia, incluyendo la facción secreta. Y el reclamado mapa de los discordantes: los clanes e incluso los linajes que no le habían apoyado en la Justa, algunos rodeados de círculos rojos. Despuntado empezó a temblar. Y sintió que se le ponían los pelos de punta cuando vio el nombre del Capitán de la Guardia Secreta de la Excelencia. Era el de un joven aprendiz que él conocía muy bien y conocido por sus ideas totalitarias. Fue el responsable de las campañas de distracción en los mentwiteros del reino durante la justa, el jefe de los penatrolls. Era conocido por el sobrenombre de Alfanje. Despuntado salió del salón del trono totalmente atemorizado.
(CONTINUARÁ)