Cada día que pasaba, el sueño de Dániel de convertir Carloszree en el paraíso de la excelencia estaba más cerca. Después de una primera etapa donde soñaba en la conversión de los casposos, se dio cuenta de que no era posible hacer príncipes de sapos, especialmente después de la Justa Electoral, donde un electorado ingrato casi le echa de la poltrona de Rey. Después de todo lo que había hecho por un Reino que languidecía en la mediocridad por situarlo en la cúspide de la Excelencia (nunca Carloszree hubiera soñado en figurar entre los primeros cinco reinos excelentes de Hispania) casi la mitad de los ciudadanos habían tratado de echarle del salón del reino. Después de un periodo de buenas voluntades, en Dániel afloró el espíritu de venganza, y después un unos pocos meses de la Justa, ya estaba en la tarea de pasar el rodillo por el Reino, aplastando a cualquiera que levantara la cabeza para hacerle la más mínima crítica.
La excelencia pura solo llegaría si prevalecía el poder de los Hombres Puros, eso lo tenía claro. Los Jurisconsultos no eran una amenaza real. Bastante tenían con sus intestinas peleas y una casta que no abrazaba la fe del Gisier nunca podría volver a reinar en Carloszree. Los artistas no tenían la consistencia mínima para afrontar un dominio absoluto de los Hopus. Los únicos que podían preocupar a Dániel, eran los brutos Bárbaros, pero la astuta política de dádivas de Dániel los tenía bajo su total control. Aparte de las dádivas y premios de excelencia del Consejo Externo (que recaían de forma reiterada sobre sus más fieles seguidores), Dániel había sabido alimentar el ego de algunos bárbaros mediocres con cargos y distinciones. Divide y vencerás, y la profunda división que había provocado entre las familias de bárbaros a costa de premiar a unos y castigar a otros, hacía impensable cualquier oposición por parte de los clanes de Lega. Lega era un rebaño de ovejas bien controlado por algunos perros pastores bien motivados y adiestrados.
Controlados los distintos clanes del Reino, Dániel, de forma pertinaz había conseguido socavar cualquier respuesta insolente en cualquiera de los órganos colegiados del Reino, especialmente en el Consejo del Reino. Nadie osaba ya discutir ninguna decisión del Rey. SI alguna vez alguien lo hacía, el Rey tomaba nota y tarde o temprano al osado le acontecía alguna desgracia, sirviendo de aviso para navegantes. Pronto todos supieron que el que probaba enfrentarse al Rey, tarde o temprano lo pagaba, por lo que los órganos colegiados se convirtieron en foros donde el Rey disponía y comunicaba decisiones. Solo le quedaba controlar las familias, pero ya sabía cómo hacerlo. Si controlaba la forma de contratación de nuevos miembros y la promoción de los aprendices, ya no habría reducto de Carloszree que no estuviera bajo su más directo control. Con tal fin, Dániel aprobó en el Consejo del Reino la creación de un Comité de Sabios Prohombres (bajo su control) que tomarían postura sobre cualquier contratación o promoción de cualquier familia, de cualquier clan. Gracias a esta comisión controlaría el crecimiento de cualquier familia y por tanto, controlaría las familias. Esta Comisión no solo impediría la entrada en Carloszree de personas poco excelentes, sino que sería la herramienta principal del Rey para el control absoluto del Reino. Para terminar de hundir el futuro de los Bárbaros, seguiría con la política de no renovarles la maquinaria que necesitaban para hacer funcionar sus ingenios de producir para el Gisier y obligaría a los aprendices bárbaros a emigrar allende las fronteras de Carloszree por un periodo mínimo de dos años, antes de ser promovidos a hidalgos (como era costumbre habitual en las tradiciones de los Hopus).
Era difícil que nada se moviera bajo el cielo en Carloszree sin que el Rey se enterara, y era difícil que nadie osara hacer o decir nada que contraviniera los deseos del Rey. Había llegado el momento de instaurar el Pensamiento Único en todo el Reino.
(CONTINUARÁ)