Conseguido el poder de Carloszree por otros cuatro años, y después de dejar bien organizada la Guardia de la Excelencia, en especial su facción secreta capitaneada por el feroz Alfanje, a Dániel solo le preocupaba dejar bien amarrado el control sobre SU clan, el clan de los Estocásticos, y el orden en SU casa, el castillo de los Estocásticos. Estaba cercano el momento en el que Discrieto, actual responsable del clan en su ausencia (que más que ausencia era omnipresencia), tenía que dar el relevo a otro testaferro y había que elegir bien. A Dániel le relajaba pasear por los parterres de flores de Lemus cercanos al Castillo. Siempre que tenía que tomar una decisión importante trataba de serenar su espíritu entre aquellos macizos. Le retrotraía a tiempos donde solo era un simple Prohombre que soñaba con cambiar el mundo. ¡Pero cómo ha cambiado todo! No solo había tomado el poder del mundo en el que vivía, sino que estaba a punto de transformarlo de una forma mucho más rotunda de lo que ningún Hombre Puro hubiera soñado. “¡Estúpidos hombres puros, ahora también ellos pagarían todos sus desdenes y menosprecios!”. “Ahora en todos los jardines del reino solo crecerían flores de Lemus, tanto que las pisotearon esos arrogantes hombres puros”. Sabiendo la alergia que producía el polen de las flores de Lemus a la mayoría de habitantes de Carloszree, ahora no les quedaría más remedio a todos que vacunarse. Había llegado el momento no solo de terminar de implantar el Pensamiento único basado en el Paper JCR como medida preferente de la Excelencia y la moda Boloñesa con el traje estocástico para todos y el Cronograma único. Era el momento de segregar la casta Estocástica en Linaje separado del de los Hombres Puros. Era el momento del nacimiento del Linaje Estocástico como primer paso al establecimiento del Linaje Único en Carloszree, donde todos vestiríamos igual, viviríamos igual, trabajaríamos igual, y nos perfumaríamos igual (por supuesto con Lemus Parfum). Al modo Estocástico. Más aún, al modo Dániel, ya que también había estocásticos desviados (hermanos separados) que no comulgaban con el modo de entender la vida del Rey.
Allí acudió Despuntado a sacar a Dániel de sus pensamientos. “Mi fiel Dedé”, pensó Dániel, “¡qué pena no poder clonarle para que protegiera mis intereses en todos los frentes!”. “DeDé, tenemos que pensar un buen sustituto para Discrieto; a veces las revoluciones empiezan en la casa de uno, y todo gran César tiene su Bruto”. “Si no fuera porque te necesito cerca, tú serías perfecto”.
“Joder”, pensó Despuntado. “Ya no hay quién me quite el DeDé de encima” “Y ahora me va a querer encasquetar el Castillo”.
“Daniel, tu sabes que yo haré lo que me pidas”.
“He estado pensando que hay que hay que hacer un poco el paripé con la párida, también en nuestro castillo”.
“Lo que tú digas, Dániel”.
“A ver, en qué mujeres podemos confiar esta tarea”.
“¿Qué te parece Cilantra?”, sugirió Despuntado.
“No, Cilantra está muy bien donde está, de Mamporrera del Consejo Externo de Carloszree, donde además percibe unos buenos emolumentos”.
“Pues solo nos quedan Elvirilla y Ruaca”
“Difícil decisión, pero para eso existe el método de selección que emana de nuestra flor sagrada”. Y tomando una flor de Lemus, Dániel empezó a desgajar sus pétalos: Elvirilla, Ruaca, Elvirilla, Ruaca,…”.
Despuntado no pudo oír el último nombre, el que Dániel pronunció después de quitar el último pétalo, pero vio en sus ojos un punto de satisfacción.
Y tomando con paso firme el camino del Castillo de los Estocásticos, Dániel le dijo a Despuntado: “Ahora lo que toca es preparar mi coronación, que ya se acerca el día pactado con la Bruja de la Esperanza”.
(CONTINUARÁ)